Los saludos iniciales de acogida corrieron a cargo del arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo; el arzobispo de Braga, Mons. José Manuel García Cordeiro, responsable de Vocaciones y Jóvenes en el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa(CCEE); el nuncio apostólico en España, Mons. Bernardito Auza, quien agradeció la celebración del encuentro y transmitió el mensaje que el papa Francisco envió a los participantes de este Congreso. Por último, el presidente de la CEE, Mons. Luis Argüello, dio la bienvenida también, cerrando este acto de recibimiento, a todos los congregados.
El primero en hablar, el cardenal Cobo, acogió con su saludo a todos los participantes en Madrid, con unas palabras y un deseo compartido: que nos escuchemos unos a otros durante estos días. Afirmó que «lo mejor que a alguien le puede ocurrir en la vida es poder conducir su libertad a su horizonte más amplio y eso solo se hace si es capaz de formular a las preguntas fundamentales. Nada es tan obvio que no merezca ser interrogado. Nuestro tiempo presenta una grieta peligrosa y es la falta de preguntas».
Explicó que si no nos dejamos sorprender por el Dios que nos llama por nuestro nombre, seremos seres deshumanizados. Pero si cultivamos la capacidad del asombro seremos capaces de ver a Dios. «Despertad es la llamada. Despertad de la dormidera para poder hacer en el corazón las preguntas fundamentales. Para percibirnos creados y amados desde siempre. La revelación es así. La historia de un coloquio amoroso entre Dios y el hombre. Debemos apostar por la cultura del encuentro: que incorpora al otro y a los otros. La revelación es la que da sentido a nuestra vida. Hay que sentarse a escuchar y estar juntos», constata.
También destacó que «nuestra vida tiene futuro, nuestra vida tiene sentido porque depende de la mirada Dios. Somos convocados, Dios llama en la Asamblea que es la Iglesia. Por ello, «estar juntos nos da alas, para vivir más arraigados, haciendo uso de nuestra libertad. Nos hace caminar y aprender juntos». Así, indica que «Dios nos saca de nuestras ideas que polarizan la convivencia, que no acepta a los otros». Por ello, como toda vocación es un don y una vida, «todas las vocaciones deben ser acompañadas. La vocación es una llamada, la llamada del Maestro para seguirle. Vivimos un momento de gracia para la Iglesia. El Espíritu santo nos empuja a descubrirnos como Pueblo de Dios. Todos somos discípulos de Cristo en misión. Vocación única que nos iguala a todos. En la comunidad todos nos sentiremos valorados. Pongámonos en camino y preguntémonos «¿Para quién soy?».
A continuación, toma la palabra el Responsable de Vocaciones y Jóvenes en el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa(CCEE), Mons. José Manuel García Cordeiro, quien asegura en su saludo que «todos estamos llamados – todos somos una asamblea de llamados a la misión. De hecho, la Iglesia o es misionera o no existe. Salir, evangelizar y discipular son verbos activos para una Iglesia en misión peregrina de esperanza».
Mons. García Cordeiro da un «Sí» a la vocación misionera, sinodal y de comunión que tiene la Iglesia: «Sí, soñamos con una Iglesia en actitud permanente de oración, formación, renovación y misión; una Iglesia cada vez más atenta a todas las personas y a los signos de los tiempos. Sí, soñamos con una Iglesia que sienta, viva, comparta y se esfuerce por ayudar a resolver los innumerables problemas que afectan a las familias. Sí, soñamos con una Iglesia que se convierta en compañera de viaje de los jóvenes, atenta a sus sueños, deseos y dificultades, sabiendo que los jóvenes vienen a la Iglesia no para divertirse, sino para alimentarse desde dentro».
Ante todo ello, subraya el arzobispo, que más que saber responder a la pregunta fundamental: ¿Quién soy yo? «debemos responder con nuestra vida: ¿Para quién soy yo? ¿Para qué sirve la vida, sino para dar? ¿Qué puedo hacer por la Iglesia?».
Mensaje del papa Francisco al Congreso
Por su parte, el nuncio apostólico en España, Mons. Bernardito C. Auza, mostró su alegría por la organización de este Congreso vocacional y da lectura al Mensaje con el que el papa Francisco, que quiere unirse a la celebración de este Congreso de Vocaciones “agradeciendo a todos los que trabajan por las vocaciones en las amadas tierras de España”. El Santo Padre pone como ejemplo la situación que se vivió con la DANA “una situación que nos interpela profundamente, y que deja al vivo la idea de «para quién soy».
Leer el mensaje completo del Papa Francisco
Así, cerró este bloque de bienvenida Mons. Luis Argüello, presidente de la CEE, con su saludo a los participantes. En primer lugar, dio gracias al Papa por su mensaje al Congreso, del que ha desbrozó el lema: «El Yo del lema del Congreso es un Yo que es un nosotros. «Para quién soy yo es preguntarnos para quien somos nosotros». El arzobispo de Valladolid subrayó lo esperanzador de este encuentro, cuando recordó que 60 diócesis «nos hemos congregado aquí, preguntándonos para quién somos».
Mons. Argüello puso de relieve el valor de la cruz, «donde vemos el corazón que se entregó por nosotros, la sangre que nos redime y alimenta y el aliento que nos hace descubrir quiero ser santo». También invitó a todos a esperar con María en los momentos de dificultad. Además de a vivir el domingo, día del Señor, día del hombre, día de la creación, para comunicar la alegría del Evangelio, como Pueblo que camina y que podamos decir: he descubierto un nuevo Yo, el Yo que es un nosotros, que podamos ofrecer a nuestros contemporáneos». Alentó a los asistentes con un ¡buen Congreso y buena pascua semanal!», concluyó el presidente de la Conferencia Episcopal Española sus palabras.
A continuación, Ana Samboal y Alfonso Alonso-Las Heras presentó a los asistentes la ponencia marco inicial, que recoge el trabajo en común anterior a este Congreso. En ella destacó que la razón de realizar este Congreso es ofrecer la certeza de que «Dios sigue amando y llamando». «La vocación es el regalo que Dios nos dona junto a la vida, que debemos descubrir y a la que hay que responder«, subrayaron.
Ponencia inicial (texto completo)
Como conclusión, el horizonte de este Congreso es crecer en la conciencia de que la vida es don recibido y está llamada a ser don para otros. Es una una llamada a la conversión personal y comunitaria. Crear una cultura vocacional es un proceso largo, que exige superar el pesimismo y el derrotismo. Los jóvenes, lejos de ser culpables de la crisis actual, son víctimas de una cultura que los desorienta, pero también muestran una sed de sentido y una apertura a un discurso alternativo.
Este momento, por tanto, es una gran oportunidad para la evangelización y para testimoniar la belleza de una vida bien vivida, plena y en sintonía con el proyecto de Dios. El Congreso es una celebración de la riqueza de todas las vocaciones y una invitación a cada persona a descubrir para quién ha sido creada, con la certeza de que este camino es fuente de plenitud y alegría auténtica. «¿Para quien soy? nos preguntamos, con una respuesta clara en la vida cristiana: para Dios y para los demás, han concluido.
Para finalizar este primera jornada, Mons. Carlos Escribano, presidente de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida preside la Vigilia de oración a las 22.00 h.




