Fuente: Diócesis de Salamanca
Florentino Pérez Vaquero, sacerdote de la diócesis de Zamora, subdirector de la Comisión episcopal para los Seminarios y miembro del equipo nacional del Servicio de Pastoral de la Vocación de la CEE ofrece una de las dos ponencias del congreso para profundizar en la llamada.
La segunda jornada del congreso diocesano de vocaciones en la diócesis de Salamanca, que reunió a más de medio millar de participantes en torno a la pregunta “¿Vivo, para quién?”, comenzó con la eucaristía presidida por el obispo diocesano, Mons. José Luis Retana, quien invitó a situar la pregunta vocacional en el centro de la vida cristiana. Seguidamente el congreso continuó con las ponencias, espacios de reflexión, testimonios y diálogo.
Ponencias centrales
Tras la eucaristía tuvo lugar la primera de las ponencias centrales, a cargo de la escritora y periodista Ana Iris Simón, quien invitó a reflexionar sobre la vocación como una de las grandes preguntas existenciales del ser humano.
Durante su intervención on-line, Ana Iris explicó que la palabra vocación procede del latín vocare, que significa “ser llamado”, y subrayó que no se trata solo de elegir una profesión, sino de descubrir para qué y para quién vive cada persona.
Según indicó, la vocación suele aparecer en el punto donde confluyen lo que una persona ama, aquello que sabe hacer y lo que el mundo necesita. En ese encuentro —señaló— surge un camino capaz de dar sentido a la vida.
Simón recordó también que muchas veces la vocación se descubre al encontrarse con la necesidad del otro, porque el sufrimiento y las dificultades de los demás despiertan en las personas el deseo de responder y de ponerse al servicio.
Una llamada permanente de Dios
Por la tarde, la segunda ponencia fue ofrecida por Florentino Pérez, sacerdote de la diócesis de Zamora, subdirector de la Comisión episcopal para los Seminarios y miembro del equipo nacional del Servicio de Pastoral de la Vocación de la CEE. En su motivadora y enérgica intervención, Tino invitó a «redescubrir la vocación como una llamada permanente de Dios en la vida de cada persona».
Para iniciar su reflexión lanzó una pregunta directa a los participantes: «¿Cuándo fue la última vez que te dejaste sorprender por tu vocación?». A lo largo de la ponencia, enriquecida con cortes de míticas películas, recordó que «la vocación no es un episodio aislado del pasado, sino una realidad viva que acompaña toda la existencia. La vocación no es algo que descubrimos una vez y ya está», explicó, «sino la forma concreta en que Dios sigue llamándonos hoy».
Asimismo, subrayó que «la vocación no pertenece únicamente a sacerdotes o religiosos, sino que forma parte de la vida de todos los cristianos, porque cada persona está llamada a vivir su fe en el lugar concreto donde se encuentra».
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