Medio centenar de responsables de los Servicios Diocesanos de Pastoral de la Vocación se reúnen en Madrid para profundizar en el «itinerario Palabra» del Congreso de Vocaciones que inspirará el trabajo de este curso.
Durante los días 25 y 26 de septiembre de 2026, responsables de los Servicios de Pastoral de la Vocación en diócesis, congregaciones religiosas y otras realidades eclesiales vinculadas a la pastoral vocacional participaron en esta cita anual que convoca el Servicio de Pastoral de la Vocación de la Conferencia Episcopal Española al inicio del cuso pastoral.
La XLVII Jornada de este año sirvió para profundizar en el «itinerario Palabra», que fue uno de los cuatro ejes temáticos del Congreso de Vocaciones, teniendo como trasfondo la constitución dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II.
Mediante el estudio de los fundamentos bíblicos en la PV y la comunicación de experiencias pastorales desde la Palabra, todos los participantes estuvieron animados a buscar caminos concretos para renovar el acompañamiento vocacional desde la escucha de la Palabra de Dios como fuente de toda llamada y como impulso para una Iglesia que acompaña y envía.
La Palabra de Dios, en el centro de toda vocación
Tras la acogida, por parte del equipo nacional del SPV, y la oración inicial, Mons. Luis Argüello, presidente de la CEE y obispo acompañante del SPV, hizo la presentación de esta Jornada. En su intervención situó la pastoral vocacional en el momento actual de la Iglesia y destacó, entre las prioridades para los próximos años, dos dimensiones transversales: la vida entendida como vocación y la sinodalidad.
Desde esta perspectiva, se subrayó la importancia de continuar profundizando en la recepción del Concilio Vaticano II, especialmente en la comprensión de la Revelación como iniciativa de Dios y como diálogo de amistad con la persona. La vocación aparece así vinculada a una relación: Dios llama, la persona responde y la comunidad acompaña y camina.
Ponencias
La primera ponencia en la tarde del 25 de septiembre fue pronunciada por D. Ricardo Sanjurjo Otero, sacerdote de la diócesis de Santiago de Compostela, profesor del área de estudios bíblicos del Instituto Teológico Compostelano y delegado episcopal para las Universidades y la Cultura, llevó por título «Palabra que llama. Iglesia que envía. Fundamentos bíblicos en la pastoral de la vocación».
A partir de diversos relatos bíblicos, Sanjurjo presentó cuatro claves para comprender la experiencia vocacional. La primera, Dios toma siempre la iniciativa para descubrir la propia identidad ante Dios y descubrir quién soy delante de Aquel que me conoce y me ama. La segunda clave es que toda llamada es una llamada a la relación y al encuentro. El «sígueme» de Jesús no conduce únicamente a una relación individual con Él, sino que introduce en un proyecto compartido y en una misión. La tercera es que la vocación se construye sobre lo que cada persona ya es: sus deseos profundos, la historia personal, las experiencias vividas, los dones, las capacidades y también las heridas y equivocaciones forman parte del camino mediante el cual Dios va configurando la identidad de cada persona. Finalmente, se destacó que toda llamada es para la misión. La vocación no está orientada al beneficio individual, sino al servicio de los demás. Por tanto, en el discernimiento también necesita de la comunidad eclesial, que reconoce, acompaña y confirma los caminos vocacionales.
Y la segunda ponencia, en la mañana del 26 de septiembre, contó con la intervención de D. Juan Abad Zubelzu, sacerdote de la diócesis de Santander, director del Secretariado del Servicio Bíblico Diocesano y consiliario de la Delegación de Familia y Vida. Su ponencia llevó por título «Páginas de vida, corazones en camino. Experiencias pastorales desde la Palabra compartida».
A partir de la experiencia acumulada durante años en la lectura creyente de la Palabra en la diócesis cántabra, se planteó la necesidad de recuperar una relación con la Biblia capaz de suscitar asombro, novedad y apertura al Misterio.
Uno de los retos señalados para la pastoral vocacional fue superar una aproximación a la Escritura que busca únicamente respuestas inmediatas o soluciones para situaciones concretas. La Palabra de Dios no funciona como un conjunto de respuestas prefabricadas, sino que ofrece herramientas para profundizar en la propia experiencia y entrar en un proceso de maduración, discernimiento y opción vital.
Así, el método pastoral de la lectura creyente de la Biblia fue presentada desde cuatro dimensiones: la búsqueda del asombro, apertura a la novedad de la Revelación, descubrimiento de la Buena Noticia y crecimiento como proceso de maduración vocacional, frente al peligro de «domesticar» la Palabra, convertirla en una ideología o encerrarla en fórmulas y métodos. En definitiva, la Palabra desborda siempre los esquemas humanos y está llamada a transformar la mirada sobre la realidad.
Trabajo por grupos
Después de cada una las ponencias, seguido de un diálogo con los ponentes, los participantes trabajaron en pequeños grupos siguiendo la metodología de la «conversación en el Espíritu», compartiendo aquello que más les había interpelado y tratando de identificar retos, caminos de futuro y buenas prácticas.
Las aportaciones recogidas pusieron de manifiesto varios puntos comunes. La necesidad de una mayor formación bíblica, tanto para los agentes de pastoral como para quienes acompañan procesos vocacionales. Una llamada a dejarse sorprender por la Palabra, evitando aproximaciones mecánicas o excesivamente conocidas pues la Palabra sigue siendo viva y nueva y puede generar procesos de transformación cuando se la escucha verdaderamente. Y el acompañamiento, generando espacios seguros donde jóvenes y adultos puedan hacerse preguntas, expresar sus búsquedas y discernir su vocación sin miedo.
Entre las propuestas aparecieron la creación de escuelas de escucha de la Palabra en clave orante, talleres bíblicos, grupos de lectura, experiencias de lectio divina y encuentros que integren Palabra, comunidad y misión. También, iniciativas destinadas especialmente a jóvenes, como experiencias que vinculan Eucaristía, lectura de la Palabra dominical, la catequesis y el servicio comprometido hacia los demás, así como experiencias de pastoral universitaria y grupos juveniles.
Comunicación de experiencias
Antes de la celebración de la Misa hubo espacio para compartir la red de buenas prácticas en la pastoral de la vocación. Se presentaron distintas experiencias procedentes de las diócesis y realidades eclesiales. Entre ellas, la experiencia interdiocesana de PV entre las diócesis de Galicia, en continuidad al Congreso de Vocaciones. La puesta la creación de una mesa de PV en la diócesis de Salamanca y la puesta en marcha del Congreso diocesano de Vocaciones que celebraron en marzo pasado, «una experiencia grande para una diócesis pequeña». Y cómo desarrollar la cultura vocacional, eje transversal en el organigrama y propuesta pastoral en la diócesis de Bilbao.
Agenda SPV
Los participantes dedicaron la tarde del sábado a la programación del curso pastoral 2026-2027 y la preparación de las próximas iniciativas y encuentros de carácter vocacional y juvenil. Entre ellos, cabe destacar la Jornada Mundial de las Vocaciones y las Vocaciones nativas, prevista para el 18 de abril de 2027; la PEJ 2027, que se celebrará en Santiago de Compostela del 15 al 18 de julio, y que ofrecerá un espacio vocacional; y la JMJ 2027, que tendrá lugar en Corea del Sur del 3 al 8 de agosto. También fueron presentados diversos itinerarios de formación y otras iniciativas vocacionales.
Síntesis final
El encuentro concluyó poniendo nuevamente en el centro la necesidad de escuchar. Como nos recordó León XIV, durante la Vigilia de oración con los jóvenes en Madrid el 6 de junio de 2026, para reconocer la voz de Dios es necesario cultivar el silencio y aprender a discernir.
Por tanto, la XLVII Jornada de este año deja así una invitación clara: volver a la Palabra para escuchar la llamada, acompañar las historias personales y descubrir la misión que cada persona está llamada a vivir. Y esta Palabra que llama necesita una Iglesia que escuche, acompañe y envíe.
La pregunta final «¿Para quién eres enviado?» puede quedar como una de las preguntas que acompañen el camino iniciado en esta Jornada.



























