Madrid acogió los días 25 y 26 de septiembre las XLVII Jornadas para Responsables de los Servicios Diocesanos de Pastoral de la Vocación, organizadas por el Servicio de Pastoral de la Vocación de la Conferencia Episcopal Española. Bajo el lema «Palabra que llama. Iglesia que envía», el encuentro profundizó en la relación entre la Palabra de Dios, el discernimiento vocacional, el acompañamiento y la misión.
Durante dos días, responsables de los servicios diocesanos de pastoral vocacional, delegaciones, congregaciones religiosas y otras realidades eclesiales vinculadas a la pastoral de la vocación se reunieron en Madrid para compartir experiencias, profundizar en los fundamentos bíblicos de la vocación y buscar caminos concretos para renovar el acompañamiento vocacional. El programa tenía como eje la escucha de la Palabra de Dios como fuente de toda llamada y como impulso para una Iglesia que acompaña y envía.
La Palabra de Dios, en el centro de toda vocación
Las Jornadas comenzaron con la acogida, la oración y la presentación del encuentro por parte de Mons. Luis Argüello, obispo acompañante del Servicio de Pastoral de la Vocación. En su intervención situó la pastoral vocacional en el momento actual de la Iglesia y destacó, entre las prioridades para los próximos años, dos dimensiones transversales: la vida entendida como vocación y la sinodalidad.
Desde esta perspectiva, se subrayó la importancia de continuar profundizando en la recepción del Concilio Vaticano II, especialmente en la comprensión de la Revelación como iniciativa de Dios y como diálogo de amistad con la persona. La vocación aparece así vinculada a una relación: Dios llama, la persona responde y la comunidad acompaña y camina.
Durante el encuentro se recordó también que la pastoral vocacional está llamada a acompañar a quienes buscan, incluso cuando todavía no saben exactamente qué están buscando. La tarea pastoral consiste, en buena medida, en crear espacios donde esa búsqueda pueda ser acogida, escuchada y discernida.
«Palabra que llama. Iglesia que envía»
La primera ponencia, a cargo de D. Ricardo Sanjurjo Otero, sacerdote de la diócesis de Santiago de Compostela, profesor del área de estudios bíblicos del Instituto Teológico Compostelano y delegado episcopal para las Universidades y la Cultura, llevó por título «Palabra que llama. Iglesia que envía. Fundamentos bíblicos en la pastoral de la vocación».
A partir de diversos relatos bíblicos, Sanjurjo presentó cuatro claves para comprender la experiencia vocacional.
La primera es que Dios toma siempre la iniciativa. La llamada permite descubrir la propia identidad ante Dios: no se trata simplemente de elegir qué hacer, sino de descubrir quién soy delante de Aquel que me conoce y me ama.
La segunda clave es que toda llamada es una llamada a la relación y al encuentro. El «sígueme» de Jesús no conduce únicamente a una relación individual con Él, sino que introduce en un proyecto compartido y en una misión. La vocación tiene, por tanto, una dimensión comunitaria: somos llamados a vivir con otros y para otros.
La tercera es que la vocación se construye sobre lo que cada persona ya es. Los deseos profundos, la historia personal, las experiencias vividas, los dones, las capacidades y también las heridas y equivocaciones forman parte del camino mediante el cual Dios va configurando la identidad de cada persona.
Finalmente, se destacó que toda llamada es para la misión. La vocación no está orientada al beneficio individual, sino al servicio de los demás. El discernimiento, por ello, no puede reducirse a una cuestión exclusivamente personal: también necesita de la comunidad eclesial, que reconoce, acompaña y confirma los caminos vocacionales.
«¿Qué historia ha escrito Dios en tu historia?» se convirtió así en una de las preguntas que pueden ayudar a releer la propia vida desde la fe.
Descubrir el propio nombre ante Dios
Uno de los acentos de la ponencia fue la necesidad de ayudar a cada persona a descubrir su propio nombre y su identidad ante Dios.
Desde esta perspectiva, la lectio divina puede convertirse en un espacio privilegiado para aprender a leer la propia historia a la luz de la mirada de Dios y para formular una pregunta fundamental en todo proceso de discernimiento: «¿Quién eres delante de Dios?».
La vocación no aparece como una realidad prefabricada o limitada a determinadas formas de vida. «Hay tantas vocaciones como personas», se señaló durante la reflexión. Cada persona está llamada de una manera particularísima a participar en el proyecto de Dios.
Por eso, la pastoral vocacional se entiende también como una pastoral del encuentro con Cristo, en la comunidad y con la comunidad, capaz de acompañar a cada persona en el descubrimiento de su historia, sus deseos, sus dones y su misión.
Una Palabra que sorprende, transforma y hace crecer
La segunda jornada contó con la intervención de D. Juan Abad Zubelzu, sacerdote de la diócesis de Santander, director del Secretariado del Servicio Bíblico Diocesano y consiliario de la Delegación de Familia y Vida. Su ponencia llevó por título «Páginas de vida, corazones en camino. Experiencias pastorales desde la Palabra compartida».
A partir de la experiencia acumulada durante años en la lectura creyente de la Palabra, se planteó la necesidad de recuperar una relación con la Biblia capaz de suscitar asombro, novedad y apertura al Misterio.
Uno de los retos señalados fue superar una aproximación a la Escritura que busca únicamente respuestas inmediatas o soluciones para situaciones concretas. La Palabra de Dios no funciona como un conjunto de respuestas prefabricadas, sino que ofrece herramientas para profundizar en la propia experiencia y entrar en un proceso de maduración.
La lectura creyente fue presentada desde cuatro dimensiones: búsqueda del asombro, apertura a la novedad de la Revelación, descubrimiento de la Buena Noticia y crecimiento como proceso de maduración.
También se insistió en el peligro de «domesticar» la Palabra, convertirla en una ideología o encerrarla en fórmulas y métodos. La Palabra desborda siempre los esquemas humanos y está llamada a transformar la mirada sobre la realidad.
La conversación en el Espíritu, espacio para compartir experiencias
Después de las ponencias, los participantes trabajaron en pequeños grupos siguiendo la metodología de la «conversación en el Espíritu», compartiendo aquello que más les había interpelado y tratando de identificar retos, caminos de futuro y buenas prácticas. El programa oficial contemplaba esta metodología después de cada una de las ponencias.
Las aportaciones recogidas pusieron de manifiesto varios puntos comunes.
Entre ellos apareció con fuerza la necesidad de una mayor formación bíblica, tanto para los agentes de pastoral como para quienes acompañan procesos vocacionales. Se destacó la importancia de conocer el contexto histórico y literario de los textos y, al mismo tiempo, de aprender a acercarse a la Escritura desde la oración.
También se repitió la llamada a dejarse sorprender por la Palabra, evitando aproximaciones mecánicas o excesivamente conocidas. Para los participantes, la Palabra sigue siendo viva y nueva y puede generar procesos de transformación cuando se la escucha verdaderamente.
Otro elemento destacado fue el acompañamiento. Surgió la necesidad de generar espacios seguros donde jóvenes y adultos puedan hacerse preguntas, expresar sus búsquedas y discernir su vocación sin miedo.
La Palabra como camino de acompañamiento vocacional
Las experiencias compartidas mostraron que la Escritura puede ocupar un lugar mucho más central en los procesos de acompañamiento: no únicamente en encuentros comunitarios, sino también en entrevistas personales, procesos de discernimiento, catequesis y otros espacios pastorales.
Entre las propuestas aparecieron la creación de escuelas de escucha de la Palabra en clave orante, talleres bíblicos, grupos de lectura, experiencias de lectio divina y encuentros que integren Palabra, comunidad y misión.
También se compartieron iniciativas destinadas especialmente a jóvenes, como experiencias que vinculan Eucaristía, lectura y catequesis de la Palabra y servicio a los demás, así como experiencias de pastoral universitaria y grupos juveniles.
La experiencia de Santander presentada durante las Jornadas mostró, precisamente, la importancia de la continuidad. La lectura creyente de la realidad y la lectura orante de la Palabra se plantean como un proceso que requiere tiempo, perseverancia y acompañamiento.
«Cristo abraza mi historia y me envuelve en la suya»
Entre las resonancias compartidas por los grupos apareció también una convicción: la llamada es personal, pero nunca aislada.
Los participantes señalaron la importancia de reconocer la complementariedad entre las distintas vocaciones, de acoger la pluralidad y de poner los propios dones al servicio de los demás. La vocación del otro puede ayudar también a descubrir la propia.
En este sentido, el acompañamiento vocacional implica ayudar a la persona a aceptar y releer su propia historia, descubriendo cómo Dios ha estado presente en ella. La sanación, la autenticidad, la transparencia y la capacidad de vivir en comunidad aparecieron como elementos importantes para este camino.
De la Palabra a la misión
Las Jornadas insistieron en que la Palabra no puede quedarse en una experiencia individual. La escucha conduce a la conversión; la conversión, al testimonio; y el testimonio, a la misión.
Esta dinámica fue sintetizada en la reflexión sobre la vocación como don y misión: la vida recibida como regalo se convierte en una vida entregada.
De ahí que la cultura vocacional busque generar testigos, personas capaces de mostrar con su propia vida que la Palabra transforma y que el encuentro con Cristo abre caminos concretos de servicio.
Buenas prácticas y retos para el futuro
La última parte del encuentro permitió recoger algunas propuestas concretas para seguir fortaleciendo la pastoral vocacional.
Entre los retos señalados estuvieron:
- Incrementar la formación bíblica de los agentes de pastoral.
- Generar espacios de acompañamiento y conversación en el Espíritu.
- Facilitar el acceso de los jóvenes a la Escritura.
- Recuperar la lectio divina como experiencia habitual.
- Favorecer una aproximación a la Biblia que suscite asombro y no se limite a ofrecer respuestas.
- Integrar la Palabra en los procesos de discernimiento personal y vocacional.
- Compartir testimonios sobre cómo la Palabra transforma la vida.
- Evitar que la Escritura sea domesticada, ideologizada o reducida a una fórmula.
- Crear espacios donde quienes están alejados de la Iglesia puedan acercarse a la Palabra.
- Potenciar acciones conjuntas que favorezcan la comunión eclesial.
Entre las buenas prácticas compartidas se mencionaron también las catequesis bíblicas, los grupos de lectura, los talleres bíblicos, las semanas bíblicas y las experiencias de lectio divina, así como propuestas que unen encuentro con Cristo, encuentro con los hermanos y compromiso misionero.
Una programación que mira al curso 2026-2027
Las Jornadas concluyeron con la programación del curso pastoral 2026-2027, en la que se abordaron las claves teológico-pastorales y distintas propuestas transversales para las campañas y acciones de las realidades eclesiales implicadas.
También se presentaron algunas fechas destacadas: JMOV + VN, el 18 de abril de 2027; PEJ 2027, en Santiago de Compostela, del 15 al 18 de julio; y JMJ 2027, en Corea, del 3 al 8 de agosto, además de encuentros de formación y un curso de verano.
El encuentro concluyó poniendo nuevamente en el centro la necesidad de escuchar. Como recuerda el mensaje citado de León XIV, pronunciado durante la Vigilia de oración con los jóvenes en Madrid el 6 de junio de 2026, para reconocer la voz de Dios es necesario cultivar el silencio y aprender a discernir.
Una Iglesia que escucha para poder enviar
Las XLVII Jornadas dejan así una invitación clara: volver a la Palabra para escuchar la llamada, acompañar las historias personales y descubrir la misión que cada persona está llamada a vivir.
La pastoral vocacional no consiste únicamente en proponer determinadas opciones de vida, sino en ayudar a cada persona a descubrir su identidad ante Dios, releer su historia desde la fe, encontrarse con Cristo en la comunidad y reconocer para quién y para qué ha recibido sus dones.
En definitiva, una Palabra que llama necesita una Iglesia que escuche, acompañe y envíe. Y una Iglesia que envía necesita comunidades capaces de dejarse sorprender de nuevo por la Palabra, vivirla y hacer de ella un testimonio para quienes siguen buscando.
«¿Para quién eres enviado?» puede quedar como una de las preguntas que acompañen el camino iniciado en estas Jornadas.
